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  Pulgar, puerta de los Montes de Toledo

Bandolerismo en Pulgar y comarca

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 Crónica de los Montes de Toledo - Bandolerismo, Hermandades y suceso del secuestro del hijo del alcalde de Pulgar

El Bandolerismo en los Montes de Toledo

 - Índice de Capítulos -

1- Territorio de Bandoleros. Bandolerismo en Europa

2- Bandolerismo primitivo: Los Golfines

3- Las Hermandades como forma de reprimir el bandolerismo

4- El bandolerismo a partir del s. XV

5- El bandolerismo en el s. XIX

6- Bandolerismo en el último cuarto del s. XIX . Secuestro del hijo del alcalde de Pulgar

7- Bandolerismo contemporáneo y maquis. Partidas y contrapartidas

 

 

TERRITORIO DE BANDOLEROS

En España siempre hubo focos casi endémicos de bandolerismo que aparecen en comarcas con carácter fronterizo o en aquellas que por la morfología del terreno les servían de refugio habitual. Podemos hablar de Andalucía, Galicia, Cataluña o los Montes de Toledo, como centros de actividad. Son famosos y legendarios en estas regiones los bandoleros Serrallonga, ejecutado en Barcelona en 1634, Perot 'el Lladre', muerto en 1645 que cita Cervantes, José María 'el Tempranillo', amnistiado en 1854, el 'Vivillo', el 'Pernales', los 'Siete Niños' de Ecija en Andalucía; en Castilla la Nueva el renombrado Luis Candelas, en Galicia Pepa 'la loba', el célebre Carchenilla uno de los más antiguos de los Montes de Toledo o el más moderno Moraleda en esta misma comarca, donde Lópe de Vega también tomó de su historia y leyendas para escribir la obra conocida como 'Las dos Bandoleras'.

No fue un mal que tuviese exclusivamente a España como protagonista; media Europa se vio poblada por numerosas banderías que tuvieron en algunas regiones escenario habitual como Córcega. Nos podemos remontar incluso al mundo romano donde Caco fue modelo de bandolero hasta el extreme de convertirse su nombre en sinónimo de ladrón. Sin olvidar a los griegos Skirón y Procusto, vencidos por Teseo. En el medioevo europeo aparecieron las célebres partidas de aristócratas llamadas "rombritters" que asolaron regiones de Alemania, de los que fue célebre Wolf de Warrstein "el lobo terrible" o la no menos famosa "banda del Rhin". En Inglaterra tuvieron la habilidad de convertir sus bandoleros en héroes, recordemos a los populares Robin Hood, Dick Turpin o Rob Roy en Escocia, exportados por la literatura inglesa ocultando otro tipo de bandidaje. En Francia aparecen en el siglo XVI los “Hermanos de la Samaritana”; los más populares son los famosos Cartouche y Mandrin. En Italia fue muy conocido Pedro 'el Calabrés' y en el s. XIX el no menos célebre Giuliano que llegó a convertirse en amo de Sicilia.

El bandolerismo ha sido un fenómeno sociológico universal posiblemente producto, aunque parezca tópico, de factores relacionados con la miseria o injusticias en momentos determinados, que propiciaron una reacción de rebeldía que llevó a muchos marginados sociales a situarse frente a la ley. No se trata de justificar esta plaga social sino buscar los orígenes sociológicos del fenómeno. Otra de las causas del fenómeno, quizá la de mayor incidencia, son las guerras más o menos prolongadas donde grupos humanos adquieren hábitos de matar, expoliar, avasallar sin otra ley que la fuerza; conductas que después son difíciles de erradicar en algunos sectores y por lo tanto provocan la aparición de más sujetos inadaptados, incapaces de someterse a normas sociales pacificas y se alejan allí donde la supervivencia con sus costumbres les favorece.

En la Mancha también se desarrolló este fenómeno al ser un territorio cruzado por importantes vías de comunicación aunque el medio no les favorecía, por ser terreno llano. Buscaron sus espacios para delinquir en las fronteras con los Montes o Sierra Morena donde por el contrario, encuentran lugares que les posibilitaban las emboscadas y una rápida retirada a parajes seguros. Los caminos hacia Extremadura fueron desde muy antiguo zonas de bandolerismo que afectaron a la Jara, las Villuercas o la Vera. Así pues nos encontramos con un territorio amplio, limitado por la Mancha al Sur y Este y las citadas comarcas toledanas y extremeñas al Oeste receptor, debido a su accidentado relieve, de cuadrillas procedentes de las zonas referidas junto con las que la propia comarca monteña generó. Aquí fijaron sus bases logísticas y guaridas, alejadas, unas veces, de los lugares habituales de actividad delictiva y otras convirtiendo el propio territorio de los Montes en escenario de correrías, siendo todos sus protagonistas buenos conocedores del terreno, por haber sido su medio habitual de vida.

La mayor parte de estas personas fueron de extracción social campesina, muchos de ellos desertores empujados, por su propia patología y por el ambiente socioeconómico, a cometer injustificables atropellos como única salida a su infelicidad. La figura del bandido generoso no se prodigó en los Montes de Toledo donde se tuvo que luchar desde la repoblación contra ellos y el fruto del pillaje nunca que conozcamos, revirtió en socorrer necesidades humanas salvo las interesadas.

 

 

BANDOLERISMO PRIMITIVO: LOS GOLFINES

Hasta bien entrada la Edad Media no conocemos documentalmente la presencia de bandoleros y salteadores en los Montes de Toledo. Aparecen cuando esta comarca es tierra fronteriza tierra de nadie y paso obligado después de la batalla de las Navas a las zonas de Andalucía o Extremadura (La Batalla de Las Navas de Tolosa o “Navas de la Losa” tuvo lugar cerca de la población jienense de Las Navas de Tolosa el 16 de julio de 1212, llamada en la historiografía árabe batalla de Al-Uqab (معركة العقاب), y conocida simplemente como «La Batalla» en las crónicas de la época. Permitió extender los reinos cristianos, principalmente el de Castilla, hacia el sur de la Península Ibérica, entonces dominado por musulmanes).

En la minoría de edad de Alfonso VIII (1158-1214) según algunos autores, ya se les cita como salteadores de caminos que realizan sus acciones entre el Tajo y los Montes aprovechando la inseguridad del reino. La aparición de los golfines se diluye entre los siglos XII y XIII pudiendo ser calificados en definitiva como bandidos de frontera que encuentran en sus comienzos un amplio territorio entre la Mancha y Extremadura que se está repoblando, que aún son pocas las defensas. Y las espesuras del monte refugio seguro. Quienes eran éstos, de dónde procedían o como se organizaron, son interrogantes que surgen después de introducir el tema. Autores come José María Cuadrado, los define como: “vagos, malhechores, criminales, prófugos, hidalgos arruinados por el juego o por los vicios”. En 1327 se les titulaba como “… malhechores de la Jara o de los Montes”. Otros hablan de los golfines como “individuos marginados y empobrecidos a los que las perspectivas de ganancias fáciles empujan hacia la frontera”.

Formaron grandes grupos dispersos por el territorio comprendido entre el Tajo y Sierra Morena concentrando su actividad en los puertos del Milagro, Orgaz, Muradal, Miravete y otros. Alcanzaron tal número que según un documento del siglo XIV eligieron rey al legendario Carchena, caudillo que debía concentrar el poder y la autoridad sobre el resto de las bandas. Llegaron los golfines a constituir un serio peligro durante los reinados de Sancho IV (1284-1295)y Fernando IV (1295-1312) y las Cortes de Castilla tuvieron que intervenir a fin de proteger los concejos y territorios donde operaban estas bandas convertidas en verdaderos ejércitos organizados que se movían con entera libertad y con el apoyo de castillos, torres y villas bajo su dominio.

En la segunda mitad del siglo XIV retrocede la belicosidad de estas bandas con la fusión de las hermandades de Toledo, Talavera y Ciudad Real. La acción hermandina y el factor de reinserción social mediante perdones reales, y concejiles o prestación de servicios de armas como mercenarios, hizo retroceder en gran medida la actividad de los golfines.

 

 

LAS HERMANDADES COMO FORMA DE REPRIMIR EL BANDOLERISMO

Los golfines, a principios del siglo XIV, continuaban ocasionando muchos males "et estragamientos" como se desprende del siguiente documento de Alfonso XI que reproducimos:

"Sepan cuantos esta carta vieren, como yo D. Alfonso, por la gracia de Dios Rey de Castilla, de Toledo ..., vi carta del rey D. Fernando, mio padre, que Dios perdone, escripta en cuero é seellada con el sello de cera colgado, que dice en esta guisa: "Sepan cuantos esta carta vieren, como yo D. Fernando, por la gracia de Dies Rey de Castilla.., vi una carta que yo ove dado a los Colmeneros é á los Ballesteros, fecha de esta manera. Don Ferrando... A todos los Maestres de las Ordenes é á todos los Conceios, Alcalles, Merinos, Jueces, Justicias, Alguaciles, Comendadores, é á todos los otros aportellados, é á todos los baquerizos de las Ordenes, et de esotros omes de mio senorio á quien esta mi carta fuere mostrada, salad et gracia. Sepades que los Colmeneros et los Ballesteros me dixeron: que ellos veyendo el muy gran mal, et el muy grande daño que los Golfines facien é cometien en la Xara en matar é en robar, et en otros muchos males en que vosotros los de la tierra tomábades muy grand daño, et yo muy grand desevicio, que ovieron de Facer hermandat los de Toledo, et de Talavera et de Villa-Real para correrlos et matarlos et echarlos de la Xara et que por razón del perdonamiento gue les yo fago, et vosotros los maestres, et los ALFONSO XI REPRESENTADO EN UNA LETRA CAPITULAR DE UN MANUSCRITO DEL SIGLO XIVConceios, que se atreven tanto los Golfines, et estos perdones que han, que los non pueden matar, nin echar de la Xara. Et otrosí quendando ellos en pos los Golfines, que en algunos logares non los quieren dar vianda por sus dineros, nin los quieren ayudar a prenderlos nin a matarlos, el otrosí que piden á vos los pastores et baquerizos que les den de cada hato una assadura para ayudar de mantener la muy grand costa que fasen andando en pos los Golfines et que gelo non queredes dar et por esto que los non pueden matar, nin correr Así come debien. E pidiéronme merced que mandase y lo que toviese por bien. Porque vos mando a cada uno de vos a quien esta mi carta fuere mostrada, que cada que los Colmeneros vos Ilamaren que los vayades apodar et acorrer, et a matar los Golfines, que vayades y e que los ayudedes. Otrosí vos mando que les dedes vianda por sus dineros, cada que voz la demandaren. Otrosí mando a vos los baquerizos et a los pastores que les dedes de cada hato una assadura caa año para mantener la muy gran costa que facen en esta razon, et non se escusen ningunos de lo dar por carta nin por privilegio que tengan: la mi voluntad es que lo hayan, pues es mio servicio et muy gran pro de toda la tierra et qualesquier baquerizos o pastores, que non quiseren dar a los dichos colmeneros de cada hato una assadura segund dicho es, et mando que los emplacen que parezcan ante mi o quien quier que yo sea, del día que lo emplazaren a nueve días, so pena de cient maravedis de la moneda nueva, a decir por qué non cumplen mio servicio. Et otrosí mando a todos aquellos a quien esta mi carta fuere-mostrada o el traslado de ella signado de Escribano público o firmado, que non los emparedes, nin les encubrades ningún Golfin por perdonamiento, nin por otra razón ninguna E si alguno o algunos encubrieren o ampararen los Golfines, o los encobridores dellos por ninguna razón que sea, mándovos que prendades al ome o a los omes que los empezaren e los encubrieren, e les tomedes todo quanto les fallardes, e que los dedes todo a tanbien las personas dellos como lo que les mandardes a los dichos colmeneros. Et mando por esta mi carta a los colmeneros, que esa misma justicia fagan en aquel o en aquellos que los Golfines encubrieren segund dicho es como farien en los Golfines mismos..."

 Dada en Toledo XXV días de Setiembre, era de mil trecientos e quarenta e un años".

Otro resumen:

Los vecinos de Toledo que han algo en los montes veyendo los muchos males et estragamientos que los golfines et los otros omes malos facen ne lo suyo et en las nuestras cosas, et entendiendo que era servicio de Dios et de nuestro señor el rey don Fernando, et pro et guardo de Toledo et de su termino, acordaron de catar y manera de como se pudiese esto escarmentar, et ficieron hermandad entre si en tal manera que doquiera que supieren que andan los golfines e otros omes malos en la nuestra tierra que vayan en pos de ellos et que los prendan et los tomen tambén a ellos como a los que los encubieren porque so faga en ellos escarmiento et la tierra se guardada“.

Así se expresaba en el año de 1300 un documento que definía la hermandad de Ballesteros, Colmeneros y Leñadores que había nacido en los Montes en el siglo anterior. No conocemos la fecha de su fundación que en principio debió ser espontánea, para institucionalizarse después.

 La repoblación de los Montes se consolida muy lentamente impulsada primero por Alfonso VII quien dona Montalbán y sus territorios aledaños a los templarios, después a Téllez de Meneses y al arzobispo Jiménez de Rada. La repoblación se realizó generalmente teniendo como base una fortificación, torre o castillo, que garantizaba en lo posible un refugio en caso de necesidad y a veces fue un factor de estabilización de la población que necesitó establecer sus propios medios de autodefensa en un territorio hostil, duro e inhóspito (La actual iglesia de Pulgar está construida sobre los restos de lo que debió ser una torre o fortaleza medieval, por ejemplo).

Tras la retirada almohade, se afirma la vida en estas comarcas y se suceden los movimientos migratorios hacia ella propiciados por Talavera, el arzobispo D. Rodrigo Jiménez de Rada y los mozárabes. En este contexto humano y geográfico actúan los golfines como elemento hostil. Los colonos, en respuesta, se unen y forman grupos armados con sus herramientas y armas de caza, especialmente ballestas, lanzas o picas con las que les hacen frente y persiguen. A los primeros repobladores de los Montes, Fernando III le concedió en 1220 el privilegio de seguir cazando y conservar sus fueros y costumbres que tenían establecidos desde Alfonso VIII. Es por tanto una sociedad rural que se autogobierna con “sus fueros y costumbres” al tiempo que se autoprotegen creando una milicia civil o hermandad frente al bandolerismo.

Dice Pisa en el siglo XVII que “desde su primer principio no fue ordenada por los reyes sino por los mismos pueblos de los Montes…” lo que otorga a esta institución un carácter popular de nacimiento desvinculada de cualquier carta real hasta pasado un tiempo.

Un hecho crucial en la vida de esta organización sucede en 1300 cuando se unen los toledanos de los Montes, con los talaveranos de la Jara y dos años más tarde los de Villa Real, en una federación, abriendo así una etapa donde la nueva institución resultante cobrará mayor efectividad coordinando sus esfuerzos aumentando el potencial humano y mejorando las estrategias de lucha contra el bandolerismo.

La eficacia de la Hermandad primitiva radica en parte, en lo expeditivo y cruel de sus métodos. Este rigor se comprende por la necesidad de ejemplarizar con los castigos a quienes tenían pocos escrúpulos con los colonos de los montes, sus mujeres, haciendas y aldeas. Un texto de 1404 utiliza la expresión 'cuadrilla' dentro del sistema orgánico de la Hermandad. Por consiguiente, el cuadrillero era el elemento esencial, con una doble finalidad que era la persecución de malhechores, por una parte, y la convocatoria de los hombres de la cuadrilla, por otra. Naturalmente, de las sentencias se ocupaban los alcaldes y, una vez pronunciadas, el cuadrillero era el encargado de proceder a la ejecución de los castigos, en algún camino frecuentado para asegurar la ejemplaridad. Por lo que se refiere a la junta general era obligatoria la presencia de este personaje, acompañado por cuatro hombres de la zona, para dar cuenta de todo lo acontecido a lo largo del año en su demarcación.

La estructura en cada hermandad fue semejante y su organización independiente. Por lo que no se trata de una hermandad realmente, sino tres con ordenanzas comunes y un órgano de gobierno que las coordinaba: la “Llega” o Junta General de las tres (la Hermandad formada por Mora, Orgaz, Ajofrín, Almonacid, Mascaraque, Villaminaya, Manzaneque, Arisgotas, Casalgordo, Mazarambroz, Sonseca, Villaseca de la Sagra, Pulgar y Layos, alrededor de una dehesa común a todos ellos, aunque después su nombre será otro, en tiempos de los Reyes Católicos se llamaba Hermandad Vieja de las dos Sislas Mayor y Menor de Tajo aquende y tenía funciones de justicia en despoblado). Ya en la nueva federación hermandina se establece la obligatoriedad de acudir a las persecuciones los colmeneros llamados, so pena de 100 maravedís y además que fueran armados de ballestas, lanzas y dardos e incluso a quienes estos convocasen. También se establecía el poder pasar por los territorios de cualquiera de las tres hermandades en persecución de bandoleros y un apoyo logístico de sus colmeneros. Más tarde se organizaron los alcaldes, mayordomos, regidores y alguaciles y apareció el procedimiento sumarial y la división del territorio en cuadrillas para la mejor vigilancia y persecución de malhechores. Las reuniones de las tres hermandades en Junta General o “Llega” se realizaba cada año en un descampado cercano a Navas de Estena. Las juntas anuales no sólo se hacían con los hombres de las tres hermandades, como hasta ahora hemos ido viendo, sino que además en todas las que tenemos registradas a lo largo del siglo XIV y principios del XV también aparecen procuradores de varias localidades del entorno toledano: Puebla de Alcocer, Herrera, Fuenlabrada, Pulgar, Yébenes, Marjaliza, Puebla de Montalbán y Cuerva, además de Chillón, situada al oeste de la demarcación de la Hermandad de Villa Real.

 

 EL BANDOLERISMO A PARTIR DEL SIGLO XV

La inseguridad en los Montes de Toledo y vecina comarca de la Jara remite notablemente a partir del siglo XV. Los golfines son figuras casi legendarias propias de la literatura hermandina. En los Montes y tierras de Ciudad Real localizamos por vez primera a mediados del siglo XV algunas bandas de origen político. Grupos de rebeldes a la corona capitaneados por Diego Muñoz y Manuel de Hernández con numerosos seguidores de a pie y a caballo, tuvieron enfrentamientos con la Hermandad en combate abierto.

Las guerras civiles en Toledo también repercutieron en los Montes. En Retuerta conocemos otro encuentro entre la Hermandad y partidarios de los Ayala. No obstante la represión contra los comuneros castellanos provocó la huida hacia tierras catalanas engrosando las filas del bandolerismo catalán que fue la pesadilla del Emperador por cuanto que no dejaron de asaltar los transportes de oro que desde Sevilla, Madrid, Zaragoza llegaban a Barcelona. El foco critico de bandolerismo en la España de Carlos I y Felipe II fue Cataluña a donde enviaron sus mejores hombres le confianza como virreyes para combatirlo. En el siglo XVI conocemos una pragmática del Emperador fechada en Toledo el 7 de marzo de 1539 contra el bandolerismo.

El bandolerismo en los Montes del siglo XVII ya no era sino un puro recuerdo literario. La Hermandad Vieja había decaído notablemente. Felipe V limitaba su jurisdicción en materia criminal. A pesar de este declive hermandino, se renuevan sus ordenanzas; las de Toledo en 1746, Talavera en 1749 y Toledo de nuevo en 1792. En el reinado de Carlos III renace el bandolerismo andaluz destacando la figura de Diego Corrientes (1757-1781). En el de Carlos IV se incrementa, siendo representativas las cuadrillas de 'el Tenazas' (Francisco Mateos Pontón) y 'los Berracos'. No influye en los Montes de Toledo el bandolerismo andaluz de esta centuria.

 Navaja típica de bandolero - pulgar.org

 

 EL BANDOLERISMO EN EL SIGLO XIX

El siglo XIX supone la reaparición del bandolerismo en los Montes de Toledo y quizás con más virulencia que en ningún otro momento de su historia. Las causas podemos encontrarlas en la inestabilidad política, social y económica del país, acrecentándose más aún en esta comarca que representa un islote en el centro peninsular entre los ríos Tajo y Guadiana, aproximadamente, 6.500 km2 de montes, rañas, dehesas y valles, con una densidad de población inferior a 10 habitantes por km2. Su interior es un intrincado laberinto de valles y sierras en todas las direcciones cubiertas de un monte cerrado que solo conocen pastores y carboneros.

La desamortización no hizo sino traspasar los montes de manos y no principalmente a las de sus habitantes. Aparecen las poderosas familias de distinto origen y foráneas al territorio, que adquieren extensas fincas -fenómeno que allí perdura hoy- y tratan de sacar provecho en las zonas roturables cultivando las rañas y algunos valles o bien convirtiéndolas en montes privados para recreo de sus propietarios.

Los montes públicos y comunales quedan reducidos a la extensión necesaria para el abastecimiento de leña, carbón y pasto. En este escenario surge el bandolerismo. La guerrilla que aparece con la invasión napoleónica de España, y se hace permanente en la comarca durante un lustro, sirvió de escuela obligada y voluntaria a muchos patriotas que se refugiaron en sus espesuras aprendiendo a vivir en ellas. La procedencia de las guerrillas era fundamentalmente monteña, buenos conocedores del territorio. Estas partidas aprendieron a interceptar correos, asaltar convoyes y destacamentos franceses, establecieron puestos de observación de tropas, etc… todo ello en provecho de la Junta Central a través de un Estado Mayor residente en Horcajo de los Montes. Se distinguió como jefe D. Ventura Jiménez, conocido como el héroe del Tajo, muerto en Los Navalucillos a consecuencia de las graves heridas sufridas en un ataque a Toledo.

La aparición del bandidaje actuando al tiempo que la guerrilla es aprovechada por la autoridad josefina para desacreditar a los patriotas. Son los inicios del bandolerismo contemporáneo que podemos calificar en estos primeros tiempos de ocasional, aprovechando la confusión reinante. Desde 1814 y hasta después de la primera carlista no conocemos una actividad permanente y destacada en la comarca. Los pueblos del interior continuaron sumidos en el abandono y con una economía de subsistencia. Las tentativas de reactivación económica iniciadas por algunos liberales no condujeron a nada positivo.

A iniciativa de los grandes y pequeños ganaderos se presento en octubre de 1834 un proyecto de ley para disolver las hermandades viejas de Toledo, Talavera y Ciudad Real, suprimir el derecho de asadura mayor y menor (impuesto sobre el tránsito ganadero que permite su autofinanciación y su pervivencia como tribunales especiales de justicia rural durante más de cinco centurias) y dar utilidad pública a sus establecimientos. Algunos de los últimos cuadrilleros ocuparon cargos en la Sociedad Económica de Amigos del País en Toledo. Por causas suficientemente conocidas surgen las guerras carlistas o civiles y en ellas tienen su origen gran parte de la actividad bandolera en los Montes que se desarrollará hasta finalizado el s. XIX, cuya casuística evolucionó con los intereses colectivos e individuales de las partidas. Avanzada la guerra, las tropas carlistas, más reducidas, recurrieron a la guerra en guerrillas formando grupos de una docena de hombres aproximadamente llamados “gavillas” con objetivos de merodeo y acoso de las comarcas.

En 1835 capitaneaba las partidas carlistas que operaban en los Montes, el Coronel D. Cándido López, asistido por sus segundos la Diosa, Galán, Perfecto y Mariano Peco. El ejército realista o cristino era mandado por el ex-guerillero toledano Paralea, buen conocedor de este tipo de acciones. La derrota de Los Yébenes inflingida a los carlistas de Jara por el brigadier Flinter el 19 de febrero de 1838 supuso la muerte de 500 carlistas, 300 heridos y 2.600 prisioneros (B.O.P 9-VI- 1838) de los cuales 396 eran de los Montes y Jara naturales de San Martín de Montalbán, Cuerva, Navahermosa, San Pablo, Ventas con Peña Aguilera, los Alares, Casasbuenas, Aldeanueva de Barbarroya, Mohedas de la Jara, Nava de Ricomalillo, Navalmoralejo, Campillo de la Jara, Anchuras y Aldeanueva de San Bartolomé. Todos fueron indultados. Sus edades oscilaban entre los 17 y 21 años. Otros veinte indultados en el mismo año por abandonar las partidas carlistas, eran en su totalidad jornaleros con edades inferiores a los 30 años, solteros, que habían estado encuadrados en las partidas de Palillos, Serrador, Gil, Jara, Melitón y Lago. Estos perdones no se cumplieron en algunas ocasiones, dando lugar al retorno a la facción con los resentimientos oportunos, convirtiendo a los individuos en más peligrosos y sanguinarios. A medida que avanza el conflicto la ideología de muchas facciones carlistas se transfiere a un segundo orden y la relación de ejército regular desaparece dando paso a la partida que apoyándose en la lucha. busca el botín, independiente de las órdenes que pueda recibir.

La situación de alarma permanente en la comarca lo evidencian los ataques que sufren algunas poblaciones siendo especialmente graves los dos asaltos a Navahermosa realizados por las partidas de Jara, Peco y Tercero. Parecidos episodios sufrieron en Gálvez, Belvis de la Jara, Puebla de Montalbán, La Estrella, San Pablo de los Montes, Las Navillas y Orgaz, que nos muestra una situación de inseguridad y angustia dada la crueldad con la que se condujeron las facciones en muchas de las tristes jornadas que protagonizaron.

El 13 de noviembre de 1839 se levantó el estado de sitio en la provincia, la paz sólo fue en el papel para la comarca de los Montes que continuó infestada de partidas “facciosas” mostrando su verdadera faz sin posibilidad de disfraces políticos. Entre los montes quedaron 'los Palillos', 'el Valenciano', el Mestizo, Tripacana, Carnicero, Mariano Ruiz 'el Pichapelá', Francisco del Moral, Pata de Porra, estos dos últimos fusilados en Toledo. La guerra teóricamente estaba concluida y los carlistas pudieron acogerse al indulto decretado o salir del país, pero aquellos que no habían hecho otra guerra que la suya, optaron por quedarse en las sierras continuando la vida a la que se habían adaptado. Por los años cuarenta continuaba Rito Flores al mando de la partida 'Palillos' merodeando por los Montes.

Fusil auténtico empleado en las guerras Carlistas

 

 BANDOLERISMO EN EL ULTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX

Reaparece en los años setenta un nuevo rebrote de bandolerismo sin móvil político que continúa generacionalmente buscando una solución radical a diversas situaciones de origen delictivo, marginal o social. Esta generación de bandoleros en los Montes procede de las zonas periferias de la comarca y de su interior, muchos de ellos jóvenes que vivirían al margen de la ley una corta y azarosa existencia.

El 20 de julio de 1874 se declaró el estado de guerra en las provincias de Toledo, Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara y Segovia. En 1875 recorren el interior de la comarca las partidas de 'los Juanillones' y 'los Purgaciones', y las de 'el Magro', 'Polo' y 'Merendón'. Las dos primeras se distinguieron por sus numerosas acciones criminales, contando con varios muertos y secuestros.

En 1877 'el Magro', 'los Juanillones' y 'Purgaciones' secuestraron a D. Pedro Guerrero Quintanilla de la villa de Horcajo de los Montes para pedir rescate, en cuya acción participó también Moraleda. 'El Magro' mató a un sargento de la Guardia Civil en una celada y secuestró al hijo del alcalde de Pulgar, arrendatario en la dehesa del Castañar, que fué apresado en medio del día en una casa de labor en dicha dehesa y sólo fue liberado al presentarse el padre como rehén y satisfizo la cantidad exigida. Aplicaron entonces los bandoleros a los propietarios de las grandes fincas un impuesto llamado “limosna”, con el fin de poder visitar sus predios sin ser molestados.

En 1880 se delimitaba la zona de refugio y actividad bandoleril por un extenso triángulo con vértices en Consuegra, Malagón y Navahermosa. Se inicia el declive del bandolerismo en los Montes con la celada de Villacañas. En aquella ocasión quedaron batidos en el campo algunos bandoleros. Fueron apresados Ambrosio y Casimiro Navarro 'los Purgaciones', Juan y Felipe García-Quilón López-Simancas 'los Juanillones' y Bernardo Moraleda que más tarde logró escapar con Felipe 'el Purgaciones'. Los componentes de las partidas se dispersaron unos hacia Andalucía, otros a Extremadura, otros simplemente desaparecieron. Algunos de los que escaparon a Portugal fueron repatriados.

 

 

 BANDOLERISMO CONTEMPORÁNEO Y MAQUIS

Los Montes de Toledo al concluir la Guerra Civil (1936-1939), se convierten en un gran de refugio donde llegan milicianos de los frentes del Tajo, Extremadura y la Mancha, sirviendo de puente para huir unos a Portugal o simplemente de refugio ocasional para unos y permanente para otros. A estos primeros refugiados se les denomina “huidos”. Fueron algunos de ideología marxista, politizados que pronto se alzaron con la jefatura de algunas partidas. Otros fueron gentes con graves delitos cometidos al principio de la guerra relacionados con los “paseos”, fusilamientos indiscriminados por razones de ideología o religión, destrucción del patrimonio artístico, de la propiedad, etc…; también se cuenta entre los huidos restos del ejército republicano que no pudieron ponerse a salvo tras las fronteras. Al poco tiempo estos últimos se fueron entregando seguidos de algunos militares profesionales, quedando en la sierra grupos de marginados que se afianzaron en las zonas que les eran familiares y donde mejor podían subsistir.

A partir de 1944 se arroparon con un barniz de guerrilla o resistencia con la esperanza de que la situación internacional apoyaría la “invasión comunista del Pirineo” en cuyo teórico avance contaría con el apoyo táctico de las agrupaciones guerrilleros organizadas por el partido comunista, el “maquis”, como también se les conoció. Trata de organizarse en los Montes de Toledo con el llamado Ejército Guerrillero del Centro.

En 1945 quedaron organizadas dos agrupaciones de guerrilleros en la antigua 'Castilla la Nueva' y Extremadura; la primera conocida como agrupación de Extremadura al mando del “comandante Carlos”. La segunda agrupación nominada de los Montes de Toledo y comandada por Julio fue también fraccionada en tres divisiones al mando de Labija, 'el Manco' y el comandante Honorio, con base de operaciones en la provincia de Ciudad Real. Esta organización sobrevivió con dificultades hasta 1947, año en que desapareció por bajas, deserciones y dispersión de los últimos componentes.

Para erradicar el maquis luchó el ejército y la Guardia Civil; esta última institución a través de sus esquemas ordinarios de apostaderos, batidas, vigilancia, etc… y de servicios extraordinarios, con un cuerpo especial de infiltración conocido por “contrapartida”.

En 1954 desaparecen los últimos bandoleros. La evolución de huido, guerrillero y bandolero fue rápida debido a múltiples causas, entre ellas a la poca preparación militar, la falta de organización estable, de jefes capaces, de apoyos suficientes entre la población civil, los continuos fracasos, la indisciplina y su espíritu de sobrevivir más que de combatir. Durante los doce años de la posguerra en los Montes de Toledo se vivió esta otra guerra solapada, bajo la tutela militar que sufrieron especialmente las zonas más agrestes y menos pobladas; pagando mayores costos sociales y económicos quienes vivían en y de la sierra como ganaderos, carboneros, transportistas, pequeños agricultores y comerciantes.

Una de las primeras partidas que conocemos de la posguerra es la de 'el Rubio' de Navahermosa alias de Eugenio Sánchez natural de esta localidad. Su área de acción fue los montes cercanos a su pueblo donde incluso solía pernoctar. Capitanea una partida poco numerosa con gentes de la comarca. El Rubio fue descubierto en la noche del 5 de abril de 1942 cuando pretendía entrar clandestinamente en Navahermosa, por una patrulla del Somatén y muerto en el encuentro.

Otro huido que merodeó con algunos compañeros en la vertiente del Torcón y macizo del Corral de Cantos fue Valentín Gil alias el Chato, natural de La Puebla de Montalbán. Comenzó a realizar actividades de espionaje en la zona nacional. Detenido por primera vez huyó de la cárcel de Navahermosa. Al poco tiempo, capturado de nuevo por la Guardia Civil en un molino del Torcón, se le juzgó y fusilo en abril de 1941. junto a las tapias del cementerio de Navahermosa.

La partida de Quincoces estaba encuadrada en el llamado Ejército Guerrillero del Centro. Fue un caso de transformación de partidas de “huidos” en “guerrilleros políticos” para volver de nuevo a la delincuencia común. Sus acciones más conocidas se desarrollaron entre Los Yébenes y la Jara. Cometieron numerosos robos, asaltos y varios secuestros. Esta partida fue diezmada por apresamientos y muertes. Quincoces fue muerto por la Guardia Civil en termino de Valdelacasa de Tajo el 28 de diciembre de 1945: era natural de Aldeanueva de San Bartolomé.

Joaquín Cintas alias 'Chaqueta Larga' natural de Fuenlabrada de los Montes, provincia de Badajoz, agrupó numerosos huidos afines a su ideología comunista, organizando una agrupación guerrillera disciplinada que recorrió Extremadura, la provincia de Toledo y el norte de Andalucía. Se evadió a Francia en 1948.

Muy temida fue la partida de 'el Manco de Agudo' como se conocía a José Méndez Jarramago de nacimiento. Sus acciones crueles son conocidas en todos los Montes de Toledo. Los secuestros, robos y asesinatos de esta partida se cuentan por las provincias de Toledo, Ciudad Real, Cáceres y Badajoz. El 'Manco de Agudo' fue muerto en 1949.

Con evadidos de las cárceles de Toledo y Ciudad Real se formo la partida de el Comandante o de Honorio como también se la conocía. Tuvo un carácter inicial político y estaba encuadrada en la segunda agrupación guerrillera de los Montes de Toledo. Su actividad fue conocida en Los Yébenes, Retuerta. San Pablo y en la zona central de la cordillera. Los enfrentamientos con la Guardia Civil les produjeron numerosas bajas. Esta partida secuestró y degolló al farmacéutico de Ventas con Peña Aguilera, que ocupaba la alcaldía de esta población. Su jefe se fugó, a Francia, en 1949.

Las últimas partidas de bandoleros de los Montes de Toledo que sobrevivieron con muy pocos componentes fueron las de el Cuquillo que operaba principalmente en la Jara, a quien mataron en 1950 y la de el Veneno, Francisco Blancas, que a principios de los años cincuenta aún se le perseguía por Los Yébenes. Conocemos su última acción por el año 1953 en el término de Retuerta. Consiguió fugarse a Francia.

Fuentes:

  • Revista de Estudios Monteños, firmado por Don Ventura Leblic García (académico numerario de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo, Presidente de la Asociación Cultural Montes de Toledo) y titulado: “De los golfines al maquis”- Portal de los Montes de Toledo    http://www.montesdetoledo.org

  • Internet  http://www.galeon.com/bandoleros/moraleda.html

  • Wikipedia  http://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_de_Las_Navas_de_Tolosa

  • Otras páginas en Internet.

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